Islas griegas: Hydra, Poros y Aegina

Estas islas griegas pertenecen al Golfo Sarónico y las visité a través de un tour marítimo. Al crucero no le faltaba nada: terrazas en la proa con reposeras para tomar sol, o simplemente mirar acostado las vistas a medida que ibas navegando, mesas y sillas disponibles a babor y estribor (a los costados del barco), un salón muy grande con livings donde hubo un show de baile griego, baños limpios, un restaurante “buffet” para comer. La excursión duró un día y conocimos tres islas: Hydra, Poros y Aegina.

HYDRA

Al llegar a esta isla lo primero que vi fueron las casitas sobre la montaña que fueron construidas por arquitectos genoveses y venecianos (según me contaron), fue maravilloso. Era la primer isla que visitábamos en el recorrido y ya me iba haciendo una idea de lo que me esperaba para las próximas. Y es que las islas griegas tienen ese no se qué…

Llegando a Hydra

Llegamos al puerto de Hydra que tiene una forma de medialuna, alrededor está la playa  por un lado y restaurantes, barcitos, tiendas de regalo y supermercados por el otro, todo a mano. En la isla no están permitidos los vehículos, excepto el camión de la basura, y el transporte se deja para los burros y los taxis acuáticos. Sus pintorescas callecitas empinadas y de piedra, conducen hacia las afueras del puerto y adentran en la zona de residencias locales y hoteleras.

En una extensión de 50km2 y de un perímetro costero de 55 km, la isla montañosa con menos de 3.000 habitantes y la de menos vegetación, en comparación con otras islas del Argosarónico, es un lugar cosmopolita y muy elegido para las vacaciones y el descanso.

Volvería una y otra vez, pero con más tiempo para disfrutarla y recorrerla, me faltó mucho que conocer.

POROS

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La isla está comprendida por dos pequeñas islas: Sphairia y Kalaureia y, según la mitología griega, Poros era la isla de Poseidón, el dios del Mar: la antigua ciudad de Kalaureia fue el refugio de Poseidón. Las ruinas del yacimiento se encuentran todavía accesibles en una colina cercana a la ciudad.

Desde el crucero llegando a Poros

Poros se caracteriza por sus callecitas empedradas, las casas blancas con techos rojizos y balcones de madera, con macetas cubiertas de flores con sus colores y olores. Desde el mar, se puede apreciar el caos de casas amontonadas sobre la montaña, y es que incluso parece un caos organizado y muy pintoresco. Una postal inolvidable. Cuenta con una belleza natural, está cubierta de vegetación y su característico bosque de limoneros que se encuentra en frente, en la costa del Peloponeso, cuyo perfume impregna toda la isla en el mes de mayo.

Conociendo sus rincones

Qué hacer:

Como apenas estuve una hora y un poco más en la isla, simplemente la recorrí caminando y conociendo sus rinconcitos. Sin embargo, hay muchas cosas que se pueden hacer allí. La playa siempre es un buen plan, y más en Poros que tiene dos kilómetros de costa. Las playas que más se destacan son: Monastiri, de aguas cristalinas y variados barcitos para tomar y comer algo, y es ideal para realizar actividades acuáticas; la playa de Neorio  se encuentra en la parte occidental de la isla y se destaca por sus árboles que casi llegan al mar; y por último, la playa Askeli, tiene una gran extensión con arena dorada y cálida; también se puede visitar el museo arqueológico que fue fundado en 1960 y está situado en la plaza Korizi. Allí albergan los restos del templo de Poseidón que se construyó en la isla y, además, cuenta con hallazgos y fotografías antiguas como Trizina y Methana, antiguos pueblos del Peloponeso; la Iglesia de Agios Gergios merece una visita, es muy chiquita, pero blanca y pintoresca, además, en su interior se pueden apreciar frescos de pintores griegos contemporáneos; la Torre del Reloj es uno de los edificios más fotografiados de Poros, fue construida en 1922 y se encuentra en lo alto de una colina. Yo la pude apreciar desde el mar y fue de las mejores postales que me llevé de allí.

Aegina

Para esta isla contratamos una excursión que nos llevaba en lancha a una de sus playas. Habrán sido casi dos horitas de relax, disfrutando del mar cristalino y descansando en la reposera. Como soy un alma inquieta, en un momento me fui a recorrer un poquito y hacerme unas fotos, los paisajes eran únicos, nunca había visto nada parecido.

En la lancha rumbo a la playa

Si bien hice playa en esta isla, es una ciudad que tiene bastantes cosas para conocer. Tiene algunos restos arqueológicos de importancia como la Colona o columna del antiguo Templo de Apolo, además del museo arqueológico. También se encuentra cerquita la Iglesia de San Teodoro con frescos de artistas reconocidos del siglo XIII. Y el puerto, como todos los de las islas que conocí, muy pintoresco con sus casitas tradicionales y las barquitas pesqueras de fondo. Un espectáculo.

Estaba entre medio de la montaña, en un rinconcito de una isla de Grecia, ahí entre las piedras, y es que fue uno de los mejores viajes que hice. Me acuerdo que no podía dormir de la excitación que tenía por el día siguiente. Estas islas griegas no son tan conocidas ni nombradas como Santorini, por ejemplo, y valen muchísimo la pena conocer, aunque sean tan sólo unas horas… Un plan genial sería poder quedarse por lo menos dos noches y disfrutar de la simpleza y belleza natural de este lugar tan pleno.

 

Espero que hayan viajado conmigo en esta nota, porque yo sí que volví a viajar escribiendo y recordando tan bellas ciudades.

B.

 

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