Mis días en La Habana

El 21 de enero embarcamos, con mi novio, a una de las mayores aventuras que hemos vivido. Estábamos a bordo de un crucero MSC que nos llevaría durante 8 días por varias islas del Caribe, las cuales les iré contando en otras entradas. Uno de los destinos, y el que más me hizo ilusión hacer, fue Cuba.

Y por fin llegó el día.

Sello cubano en el pasaporte

El crucero llegó por la mañana, desayunamos y nos fuimos al último piso para ver la llegada a La Habana. Desde lo alto del barco se podían apreciar pequeños detalles que te indicaban que estabas en Cuba: los Coco taxi (motos con forma de huevo amarillos y verdes) yendo de un lado para el otro; los almendrones (autos de los años 50 que funcionan como taxis, también); los edificios viejos, algunos coloridos, otros no; el malecón; entre otros.

Ese día hicimos un city tour por la ciudad en bus con un guía, Leonardo Mejías, que nos hizo pasar un rato muy agradable, contando anécdotas, datos curiosos de La Habana, de la vida misma en Cuba…

Salimos del puerto de La Habana y atravesamos el centro histórico donde, a lo largo de una avenida, se encuentran antiguas mansiones españolas que se destacan por ser altas y contar con un patio interno. Leo nos contó que este tipo de estructuras eran obligatorias para evitar, de alguna forma, al agobiante calor que hace en el país durante el año. Además, nos contó que estas casas ahora pertenecen a familias humildes pues durante los años 50 muchas familias emigraron dejando las casas abandonadas y, el gobierno, decidió donar algunas a familias sin hogar, y otras se hicieron escuelas, embajadas…

La primera parada fue La Plaza de La Revolución, el centro político y administrativo más importante de la isla y, además, escenario con gran valor histórico y protagonista de actos y acontecimientos durante la Revolución de Cuba. Por un lado, se encuentran dos edificios, uno posee las siluetas de la cara del Che Guevara, es el Ministerio de Seguridad Nacional y,  al lado, el Ministerio de las Telecomunicaciones que tiene la silueta de Camilo Cienfuegos, otro gran héroe de la revolución cubana. En frente se encuentra el Monumento a José Martí, poeta y pensador cubano,  héroe nacional de Cuba, se trata de un mirador de 140 metros de altura.

La segunda parada fue en el Parque Central, uno de los primeros parques de La Habana extramuros, antes de 1905 se llamaba Parque de Isabel II. Y en este punto me detengo y hago un pequeño paréntesis histórico:

¿Por qué La Habana extramuros? 

Pues La Habana se convirtió en la capital de la República en el año 1608 y fue la última villa fundada por Diego Velazquez. Se protegió con una muralla alrededor del centro histórico y tenía dos puertas: una que daba hacia la tierra y la otra hacia el mar. Todas las noches a las 21:00 hs tiraban un cañonazo que, en esa época, significaba un toque de queda. Esto quiere decir que las personas que trabajaban durante el día en La Habana extramuros,  debían estar dentro de la ciudad amurallada para las 21:00 hs cuando sonaba el cañonazo, esto se repetía todos los días. La muralla se destruyó por el exceso de gente que había a partir de 1863.

Hoy en día mantienen la tradición del cañonazo.

Volviendo al Parque Central, allí el guía nos dejó unos 20 minutos para caminarlo y conocerlo mejor, en cada esquina desembocaban calles con edificios muy pintorescos, no sabías para dónde ir! Los coco taxis abundaban las calles y los edificios históricos brindaban al paisaje lo necesario para convertirlo en un lugar único.

El Monumento a José Martí en pleno parque

En una esquina estaba el Capitolio, un edificio imponente que te hacía acordar al de Estados Unidos aunque, según el guía, no tiene nada que ver… Leo nos contó que fue construido en 1929 y funcionó como el senado de EE.UU hasta que, luego de la revolución, pasó a ser el Museo de Ciencias Naturales. Actualmente es la Asamblea Nacional de Cuba.

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El Capitolio

Nuestra próxima y última parada fue un centro recreativo solidario, se llama “Muraleando” y fue construido por los propios vecinos en una zona que antes era un basural y un tanque de agua. Ahora es el centro que más actividades brinda al barrio: dan clases de pintura, escultura, música, baile, celebran cumpleaños, bodas, festejos, todo gratuito y en un ambiente con mucho arte, pasión y alegría. Tiene una historia muy interesante que la explicaré con detalle en otra entrada.

Regresamos al barco cerca de las 20:30 hs, nos cambiamos, cenamos y salimos otra vez del barco para nuestra última visita del día… La Bodeguita del Medio! Es un restaurante y bar típico cubano… y si estás en La Habana no podes no ir! A esta altura me atrevo a decir que es un lugar histórico, allí tomaba sus mojitos el escritor Hernest Hemingway que, por cierto, decía: “Mi mojito en la Bodeguita y mi daiquiri en la Floridita”. Es un lugar que habla por sí sólo, un lugar donde las paredes cuentan historias, pues están escritas de arriba a abajo por sus comensales, dejan mensajes, fechas, sus nombres… Además, hay fotos de personalidades de todos los rubros que visitaron el lugar.

Y como para darle un broche de oro al día tan maravilloso que pasamos… Al regresar al barco vimos que el teatro estaba lleno de gente, no sabíamos qué había. Así que nos pedimos unas copas y esperamos a que el show comenzara: era un grupo de artistas cubanos! Bailes, canciones y mucha música cubana se disfrutó aquella noche.

Esperando el show cubano

Al día siguiente era nuestro último día en la ciudad y teníamos hasta las 15:00 hs para volver al barco. Decidimos ir por nuestra cuenta y no contratamos ninguna excursión. El puerto de La Habana está muy cerquita de La Habana Vieja, es la zona más antigua de la ciudad y aún mantiene esa esencia de Cuba varada en el tiempo, y decidimos caminarlo a la deriva.

Dato: la aplicación Mapas que viene instalada en iPhone funcionaba sin conexión ya que es por satélite, eso nos permitió ir y venir tranquilos.

Nuestra última actividad en la ciudad fue ir al museo del ron Havana Club. Hicimos la visita guiada, nos contaron sobre su historia, el proceso que lleva la elaboración del ron y cómo este fue evolucionando a lo largo del tiempo.  Y al final del recorrido terminamos en una barra degustando la edición “Selección de Maestros”.

No podía irme de La Habana sin haberme hecho una foto dentro de uno de los almendrones… la ciudad está llena de estos autos de los años 50 que funcionan como taxis que, por cierto, son carísimos. Lo normal es que te cobren unos 50 USD la hora de recorrido por la ciudad, y en la Plaza de la Revolución la estaban cobrando 100 USD. Frente al malecón, cerquita de la terminal de cruceros, había muchos taxis estacionados y sus conductores estaban tomando un descanso en la sombra. Me acerqué preguntando quién era el dueño de “aquel auto celeste” y el hombre me pidió 5 USD para tomar las fotografías. No lo dudé y aquí estoy, sentada escribiendo este último párrafo de mi crónica de viaje y recordando la sesión de fotos más divertida que tuve hasta ahora.

El viaje en barco, además de disfrutar de todos los servicios que este tiene para ofrecerte, te brinda la oportunidad de conocer, aunque sea por unas horas, una ciudad o isla que capaz jamás irías por tu cuenta en avión, por ejemplo.

En este viaje nos tocó estar dos días, casi, en La Habana y les aseguro que pueden visitar un montón de lugares y conocer la ciudad y su historia súper bien. Claro que unos días más no vendrían mal, pero el crucero es ideal para estas escapaditas por ciudades del Caribe.

B

 

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